Adeptos

domingo, 12 de enero de 2014

El miedo a la cara lavada

Un poco tarde este domingo, pero no os penséis por ello que me he olvidado de vosotros, lectores, ¡eso nunca!

Seguro que por el título de mi post de hoy sabéis (o intuís) de qué voy a hablar. Decidme, vosotras, las chicas que estáis al otro lado de la pantalla: ¿alguna vez os habéis preguntado qué esconderá Fulanita o Menganita bajo los dos dedos de maquillaje que lleva siempre? ¿Habéis comentado con alguna amiga que os preguntáis cuál será su aspecto real? ¿Habéis intercambiado fotos, PRUEBAS TANGIBLES (de esas que la gente desgraciadamente olvida que alguna vez pulularon por Internet) del único día en la memoria de la Humanidad en el que noséquién salió de casa sin maquillar (quizás porque había leído en Twitter que habia llegado el Apocalipsis y se dijo: "Bueno, total...")?


Me apuesto un brownie a que sí, porque yo lo he hecho; lo hacemos todas. ¿Por qué? ¿Porque somos malas personas? Mi teoría es que este comportamiento está relacionado con el síndrome del miedo a la cara lavada que la industria de la imagen nos ha creado; miedo a ser reales, a ser imperfectas.
 
¿Cómo lo han hecho? Fácil: bombardeándonos continuamente con la imagen de mujeres absolutamente perfectas en todos los medios de comunicación habidos y por haber. ¿O acaso las artistas protagonizan los anuncios de la tele y las revistas recién levantadas y sin peinar? No. Son baluartes de belleza, diseñados y esculpidos al detalle por las expertas manos de maquilladores, peluqueros y estilistas. Pero ya no es sólo eso. Sabemos que las sesiones de fotos, las grabaciones, los conciertos funcionan así. Pero además nos venden alfombras rojas, entrevistas, street snaps, fotos de sus vacaciones...millones de imágenes en las que dichas estrellas aparecen inmaculadas, perfectas hasta la imposibilidad. Nos venden que la mujer siempre está perfecta, siempre DEBE estar perfecta, 24 horas, recogiendo a los niños, saliendo de trabajar, de vacaciones en la playa, cuando va a hacer la compra, cuando va al banco, a donde sea. 


Y me diréis: "Pero yo he visto fotos de famosas sin maquillar, salían en una revista". Seguro que sí. ¿Y en qué tono se presentaban  las fotos? Generalmente en tono de "¿qué le ha pasado en la cara, ja, ja, ja?". Así es cómo han creado nuestro miedo. Nos han convencido de que debemos ser muñecas de porcelana siempre, de que no podemos dejar que se vea ese grano/ojeras/cicatriz/michelín porque si lo enseñamos será lo único en lo que se fijen y lo utilizarán para burlarse de nosotras. Nos han convencido de que debemos ser ideales, no realidades.
Y así han conseguido que Fulanita y Menganita no salgan nunca de casa sin base, polvos compactos y rímel, por lo menos. Pero esto no se aplica únicamente al tema del maquillaje, claro, puede valernos para cualquier detalle de la imagen personal, porque hay costumbres de todo tipo: hay quien nunca sale de casa sin plancharse el pelo (y de hecho, lleva una mini plancha en el bolso SIEMPRE para que su indómito flequillo no la deje en mal lugar en ningún momento), hay quien jamás permitiría que le vieran con gafas, o quien se niega en redondo a salir en chándal, ni siquiera al salir del gimnasio. Seguro que reconocéis a alguien leyendo esto. 

 ¿Y sabéis lo que es peor? Que nosotras mismas contribuímos a este síndrome, a esta presión haciendo lo que hacemos, burlarnos las unas de las otras. Porque, en el fondo, ¿adivináis ya por qué hacemos lo de intercambiar esas pruebas de que hay vida más allá del pote? Porque necesitamos que nos demuestren que es mentira, que nadie es perfecto, ni siquiera ella, esa chica tan mona, tan divina, que siempre aparece inmaculada en todas partes. Porque necesitamos que nos demuestren que todas tenemos un mal día, que si no queremos ni levantarnos de la cama, no te cuento arreglarnos, y que cuando lo tenemos no pasa nada, es normal. Porque queremos creer que si ella puede ser así, yo también puedo.
Y la que suscribe no es una excepción. Soy tan víctima de estos temores como todas vosotras. También hay días en los que siento aprehensión de salir al natural a la calle. Pero tenemos que dejar de hacernos esto. Dejemos de lanzar piedras contra nuestro propio tejado. La curiosidad es algo bueno y el miedo a mostrarnos tal y como somos es natural, nos hace humanas. Peero que no sea más que eso.
Dicho esto, os dejo con mis pintas en tiempo real; ¡un saludo!

Ruth

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